Cuando comenzamos un proyecto sobre una planta, no tenemos más remedio que tomar 2 decisiones fundamentales.
1. Eliminar lo que sobra.
2. Mantener lo que no sobra.
¿Pero, ésto quien lo decide? para mi está bastante claro, lo decidé aquel que puede.
Un bonsai según la teoría es un árbol plantado en una maceta, pero si vamos más allá, diríamos que es un árbol en una maceta, miniaturizado y con una estética muy particular, profundizando aun más diríamos que también nos transmite un sentimiento.
En estas escasas 45 palabras del párrafo anterior hemos condensado el camino desde el plano físico al plano metafísico de un bonsai.
Físicamente hemos de encontrar el equilibrio de cultivo para mantener la planta en óptimas condiciones según correctas técnicas de riego, abonado, insolación, etc., hemos de hacer uso de las técnicas contemporáneas de alambrado, poda, pinzado, tallado, etc., para que la planta, de nuestra mano avance por ese camino y finalmente hemos de tomar la decisión de buscar un diseño que muestre nuestra planta de la mejor manera posible, nos transmita un sentimiento y nos cuente una historia coherente, y esto es irremediablemente el aspecto metafísico, ya que físicamente hablamos de una planta en una maceta y metafísicamente de un árbol traumatizado por el viento, partido por un rayo, con el tronco ahuecado, etc, etc, etc.
Coherencia
Cuando empecé a trabajar este acebuche lo primero que me llamo la atención fue la cantidad de madera seca que tenía, detrás, la parte con vida es bastante gruesa.
La decisión aproximada del resultado final ya la había tomado, pero antes había que arreglar defectos que eran muy poco naturales como el corte recto en la parte alta, limpiar la madera seca, definir la vena viva...
Mientras observo a varios metros, Fernando va eliminando ramas que sobran.
En principio, estoy satisfecho del resultado obtenido en esta primera sesión.
Continuara...